Guía

Control de materiales en obra: de la requisición al almacén

El material no se pierde en la obra: se pierde entre el papel que nadie firmó y el conduce que nadie registró.

Casi ninguna obra pierde material por robo. Lo pierde en los huecos del papeleo: la solicitud que se hizo por WhatsApp, el pedido que nadie registró, el conduce que se quedó en la guantera de la camioneta. Cerrar esos huecos es un problema de circuito, no de vigilancia.

El circuito completo

El maestro SOLICITA   →  requisición
El ingeniero APRUEBA  →  o la desestima con motivo
El ingeniero PIDE     →  pedido al suplidor, con precio
Llega el material     →  conduce contra el pedido, cantidad por cantidad
                         └→ entra al inventario
                         └→ la requisición queda recibida o incompleta

1. Solicitar no es autorizar

Quien está en la obra sabe qué falta; quien lleva las cuentas decide si se compra. Separar las dos cosas es lo único que hace que la aprobación signifique algo. Si el maestro puede marcar su propia solicitud como aprobada, no hay control: hay un formulario.

2. Desestimar sin motivo garantiza que te lo vuelvan a pedir

«Todavía hay 300 bloques en almacén» es una respuesta. Rechazar en silencio hace que el maestro levante la misma requisición la semana siguiente, y que la relación se desgaste por algo que era una frase.

3. El pedido es donde entra el precio

Suplidor, cantidad, precio unitario y fecha prometida. Sin el precio, el circuito nunca sabe cuánto costó la obra —es la pieza que permite comparar lo comprado contra lo presupuestado—. Y sin la fecha prometida no hay con qué reclamar cuando no llega.

Quien pide sabe qué necesita; quien cotiza sabe cuánto cuesta. Rara vez son la misma persona, así que el precio se teclea después de generar el pedido, no antes.

4. Recibir es casar línea con línea

El conduce debe atarse al pedido y cada renglón a su renglón. Es la única forma de responder la pregunta que importa: de las 100 fundas, ¿llegaron 100 o llegaron 60? Un conduce con descripción libre no responde eso, y a fin de mes nadie reconstruye la diferencia.

Recibir de más se avisa, no se bloquea. El suplidor manda 102 fundas cuando el papel decía 100 y eso es normal. Un sistema que impida capturarlo obliga a la gente a mentirle, y a partir de ahí los datos no valen nada.

5. La recepción es la que mueve el inventario

Registrar el conduce y luego apuntar la entrada al almacén son dos capturas, y la segunda se olvida. Deben ser la misma: al registrar el conduce, el material entra. Y si el conduce se borra porque estaba mal, la entrada se deshace — si no, el almacén reporta material que nunca llegó.

6. El saldo se fija con conteo físico

No basta con sumar entradas y restar salidas desde el inicio de la obra: ese número arrastra todos los errores de captura, las mermas y las roturas. Lo que funciona es un conteo físico periódico que fija el saldo, más las entradas y salidas posteriores a ese conteo. El conteo es el que vuelve a poner el contador en cero.

7. Estados que se calculan, no que se teclean

«Sin recibir», «recibido a medias», «recibido». Si el estado se teclea a mano, miente en cuanto llega media entrega y nadie se acuerda de cambiarlo — justo cuando la lista de material pendiente hace falta. Debe salir de lo que se ha recibido.

La excepción es cancelar: eso sí es la decisión de una persona, y un conduce tardío no debería revivir un pedido que alguien detuvo a propósito.

Y de aquí sale el costo

Cuando el circuito está cerrado, el costo de materiales de la obra se calcula solo: cantidad recibida por el precio de su pedido. Es la segunda de las tres fuentes de el costo real de una obra.

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